La Diócesis de Asidonia-Jerez se prepara para vivir una de las celebraciones más significativas de su calendario litúrgico con la Misa Crismal, que tendrá lugar este 31 de marzo a las 11:00 horas en la Santa Iglesia Catedral, presidida por José Rico Pavés.
Se trata de una cita de especial relevancia en la vida diocesana, en la que todo el presbiterio se reúne en torno a su obispo, escenificando la comunión eclesial en una Eucaristía que marca el umbral de los días grandes de la fe cristiana. Durante la celebración, tendrán lugar algunos de los ritos más simbólicos, como la consagración del Santo Crisma y la bendición del Óleo de los enfermos y de los catecúmenos, elementos esenciales en la administración de los sacramentos a lo largo del año.
Además, la Misa Crismal acogerá la renovación de las promesas sacerdotales, un gesto que subraya la fidelidad y el compromiso de los presbíteros en el ejercicio de su ministerio, reforzando los vínculos que los unen entre sí y con su pastor.
Uno de los aspectos destacados de esta celebración es el origen del aceite empleado para la elaboración de los santos óleos. En esta ocasión, procede de la localidad gaditana de Espera, un detalle que pone de relieve la vinculación entre la liturgia y la propia tierra diocesana.
Con esta celebración, la Iglesia asidonense se adentra de lleno en el Triduo Pascual, el núcleo central del año litúrgico. Así, el Jueves Santo dará comienzo con la Misa de la Cena del Señor a las 17:30 horas, tras la cual el Santísimo Sacramento quedará reservado para la adoración de los fieles hasta las 23:00 horas.
El Viernes Santo continuará con los oficios de la Pasión del Señor a las 13:00 horas, mientras que el Sábado Santo se culminará con la solemne Vigilia Pascual a las 23:00 horas, considerada la celebración más importante del calendario cristiano. Todo ello desembocará en la alegría del Domingo de Resurrección, cuya Misa solemne se celebrará a las 11:00 horas en la Catedral.
De este modo, la Diócesis encara los días santos con una programación que conjuga tradición, simbolismo y participación, en un tiempo clave para la vida de la Iglesia.









