El Viernes de Dolores abre definitivamente las puertas de la Semana Santa en Jerez. La ciudad amanece con ese ambiente tan particular que precede a los días grandes y que se traduce en templos abiertos, colas silenciosas y fieles que buscan encontrarse con las dolorosas en sus tradicionales besamanos, una de las estampas más características de esta jornada.
Un paseo por el centro histórico permite detenerse en primer lugar en la Iglesia de San Dionisio, donde la Nuestra Señora del Mayor Dolor recibe la veneración de los fieles. El templo se convierte durante toda la jornada en punto de encuentro para los devotos que acuden a contemplar de cerca a la dolorosa.
Muy cerca, en la Iglesia de la Santísima Trinidad, también se vive con intensidad esta jornada con el besamanos a Nuestra Señora de la Trinidad, otra de las citas señaladas del día.
A escasos metros, en la Capilla de las Angustias, encontramos a Nuestra Señora de las Angustias expuesta a la veneración de los devotos. El histórico templo vuelve a ofrecer una de esas estampas tan reconocibles del Viernes de Dolores, con la dolorosa presidiendo el presbiterio mientras los fieles se acercan para el tradicional gesto de devoción.
La jornada también se vive con intensidad en el Seminario Diocesano San Juan de Ávila, donde Nuestra Señora de los Dolores recibe el cariño de los fieles en su besamanos, convirtiendo el recinto en otro de los puntos de peregrinación cofrade de este día.
Más allá del casco urbano, la devoción se extiende también a la zona rural. En La Barca de la Florida, la Iglesia de San Isidro acoge el besamanos a Nuestra Señora de los Dolores, una cita que reúne cada año a numerosos vecinos y devotos en la antesala de la Semana Santa.
Así, entre templos abiertos, flores recién colocadas y el incesante ir y venir de fieles, Jerez vive el Viernes de Dolores como un auténtico preludio de su Semana Santa, una jornada marcada por la devoción íntima ante las dolorosas en sus besamanos.










