La Santa Iglesia Catedral acogió en la tarde de ayer la solemne Eucaristía del Miércoles de Ceniza, dando comienzo al tiempo litúrgico de la Cuaresma. La celebración, iniciada a las 20:00 horas, estuvo presidida por José Rico Pavés, obispo de Asidonia-Jerez, y contó con una numerosa participación de fieles que comenzaron con este rito su itinerario espiritual hacia la Pascua.
Durante la homilía, el prelado ofreció una profunda reflexión sobre el significado de este tiempo fuerte del año litúrgico. Mons. Rico Pavés explicó que la Cuaresma es un tiempo de combate espiritual, orientado a dejar que Cristo venza en el corazón del creyente. Recordó que estas semanas no constituyen un fin en sí mismas, sino que conducen al misterio central de la fe: la pasión, muerte y resurrección del Señor. En este sentido, señaló que la verdadera victoria cristiana consiste en permitir que Cristo triunfe en la propia vida, orientando el corazón hacia Dios, «única realidad capaz de saciar los anhelos más profundos del ser humano».
El obispo dedicó también parte de su mensaje a profundizar en el sentido auténtico de las prácticas cuaresmales tradicionales: la oración, el ayuno y la limosna, advirtiendo que deben comprenderse «ante todo desde el interior». Así, desgranó su dimensión espiritual:
- El ayuno implica no solo la privación material, sino también renunciar a palabras ofensivas y a todo aquello que aparta de Dios.
- La oración supone ordenar la vida desde el Señor en medio de las tareas cotidianas.
- La limosna consiste en compartir verdaderamente las necesidades de los demás, y no únicamente lo que sobra.
Mons. Rico Pavés subrayó que el centro del camino cuaresmal no es el mero sacrificio, sino experimentar la ternura misericordiosa del Padre, que mira al hombre con amor y le ofrece su perdón. De este modo —afirmó— la Cuaresma se convierte en un tiempo propicio para «restaurar la condición de hijos recibida en el Bautismo», con el objetivo de llegar a la Pascua con el corazón renovado.
El momento culminante de la celebración fue la imposición de la ceniza, gesto de profundo simbolismo que constituye el signo visible de conversión y la llamada a vivir este tiempo litúrgico con auténtico espíritu de fe. A través de este rito, los fieles expresaron su deseo de reorientar la vida hacia el Señor y disponerse interiormente para recorrer el camino que conduce a la celebración gozosa de la Resurrección, acompañados —como recordó el obispo— por la intercesión de la Virgen María.










