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La sorpresa prevista por el prioste y las camareras para el exorno que, en La Canaliega, se había de convertir en la inmediata antesala de la salida del Coto no pudo materializarse en los términos deseados. Se supo, eso sí, que eran nardos en las jarras de la Soledad que llegaban cuajadas de hervera, margarita y otras flores hasta el paraje de pernocta anterior lo que se traía entre manos Fernando Calderón con el florista Juan Manuel Toro. Pero no pudo ser. No había esa flor en las condiciones deseadas y se repetiría, por tanto, el precioso conjunto de generalizado color violaceo que salió de Santo Domingo hace ya cuatro días. Un detalle quizá nimio, al menos para algunos distanciados de estas cosas. Pero no para quien preparaba éste como tantos otros detalles que han venido sorprendiendo desde la partida desde Cristina. Y, con todo, no faltaron nardos a modo de entrega romera de la más alta consideración al simpecado morado. El corazón de aquellos que, tras la carreta de plata, iban gritando ya en la Aldea “¡ya está aquí Jerez!” iba poniendo nardos a modo de la más espléndida y efusiva salva de rezos cantados que pudiera brindarse a lo largo y ancho de toda la jornada de Presentación de las Hermandades ante la Virgen del Rocío, que es la que ayer vivía la Romería de Pentecostés.
Tras la de 2007 con sanlúcar Lo más importante sí que estaba presente, y en gran medida si tenemos en cuenta que la referencia más cercana, la presentación efectuada el año pasado junto a la Hermandad de Sanlúcar con motivo de las bodas de diamante fundacionales, será ya para siempre un hito histórico. Por ello corríamos el riesgo de que nos supiera ya a poco lo cotidiano de una presentación normalizada en los términos en los que para Jerez puede algo quedar en meramente cotidiano. Así llegaba la entrada en El Rocío de este año, tras un camino frío y un poco extraño, no sólo de tiempo sino también tocado por la situación de recesión general. Camino bueno, al fin y al cabo. Bellavista y Muñoz y Pavón demostrarían la verdad inalterable, por vacías que se vieran otras calles, de una tierra rociera como la nuestra. Cuando el reloj marcaba la una y pico de la tarde comenzaba el despliegue de sevillanas y vivas que, por medio de coros o grupos informales, se prodigaban con exhuberancia y compás, el compás inconfundible de Jerez. El cierto frío, y hasta las nimias gotas de lluvia que comparecieron el Sábado de Rocío, no descompusieron la cálida recepción dispensada al simpecado jerezano por todos. Y el fenómeno no es sólo un ejercicio de chovinismo jerezano sino, más bien, una expansiva forma de conseguir que todos, sean de donde sean, se sumen al compás. Luto inesperado Pero enmedio de la alegría fue cuando se hizo sitio también la sensibilidad para el sentimiento de pesar y la materialización en luto visible de aquella noticia que se conocía sobre la marcha: la muerte producida en Jerez a causa de la violencia de género sucedido ayer en la ciudad. Alguien lo dio a conocer e, ipso facto, le fue retirado un lazo negro a una de las banderas del cortejo para convertirlo en crespón que hiciera llegar a El Rocío los tres días de luto determinados en Jerez por el Ayuntamiento. Todos preguntaban, incrédulos, por estos lamentables hechos mientras pensaban que aquello era un recuerdo al padre mercedario Jesús Fernández de la Puebla Viso. Pero el recordado mercedario que falleció cuando apenas habían pasado días de aquella Semana Santa que pregonó también tenía sitio en la carreta del simpecado. Si el lunes de Pentecostés del pasado año ocupaba hombros romeros junto al padre Alexis y ante la Virgen, ayer su foto iba pegada a una de las columnas salomónicas geminadas que labrará Ángel Gabella para la carreta del simpecado. También él estaba en boca de todos, también su memoria era nardo -mercedaria tradición en la procesión de la Patrona- en honor a la Virgen del Rocío. El guión, a caballo Vistosa novedad que sorprendió era el guión portado por uno de los caballistas. El empeño en los detalles se hacía sitio mientras la comitiva avanzaba, se presentaba ante la Virgen, llevaba la carreta a la capilla de la casa de hermandad, exornada con un dosel de damasco morado, y se entregaba a la distensión de la convivencia más extraordinaria. Fuente: Información Jerez

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