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El salón de actos de la Escuela de Hostelería registró el pasado martes un lleno absoluto de público. Más de doscientas personas acudieron a la convocatoria del ciclo Una copa de Paquiro con… organizado por el Departamento de Actividades Culturales de la Escuela de Hostelería y bodegas Almocadén. En esta ocasión fue el Hermano Mayor de la Hermandad de Loreto Eduardo Velo García quien pronunciara la conferencia titulada El porqué de las insignias y atributos procesionales. La presencia de Eduardo Velo dio sentido asimismo al homenaje que, en el transcurso de dicha ponencia, tributaran los miembros del Círculo Cultural Cofrade El Muñidor a la memoria del recientemente desaparecido Manuel Mesa. Una asamblea de evidente espíritu cofradiero que, además del carácter didáctico de la misma, subrayó diferentes conclusiones acerca del significado estético de las hermandades durante sus estaciones penitenciales de la Semana Santa.
El acto estuvo presentado por Marco Antonio Velo, responsable del
Gabinete de Comunicación de la Escuela de Hostelería, quien indicó que
“esta noche la Escuela de Hostelería trasmina otros sabores no muy
diferentes a los suyos acostumbrados: el de la fuente de torrijas en
los escaparates de la nostalgia, el del arroz con leche de los
requiebros de las noches del gozo, el de las rosquillas de Semana Santa
–esas barrocas volutas de crujiente bizcocho- cuando el dedo índice de
los recuerdos señala a los cánones no escritos de la Muy Noble y Muy
Leal Ciudad de Jerez de la Frontera”.
Seguidamente, en nombre del Círculo Cofrade El Muñidor, hizo uso de la
palabra Fernando Barrera Cuñado, un cofrade clásico y veterano de las
hermandades jerezanas. Fernando Barrera explicó, grosso modo, la
trayectoria y los fundamentos del Círculo El Muñidor, a la vez que
dedicara sentidas palabras de homenaje a la memoria del activo miembro
de esta entidad Manuel Mesa, fallecido justamente hace un mes. Barrera
también esbozó la trayectoria cofradiera y curricular del
conferenciante de la noche, Eduardo Velo, a quien igualmente lanzó la
invitación pública de su pronta inscripción en la señera tertulia El
Muñidor.
Eduardo Velo, apoyado con una exposición ilustrativa en Power Point,
fue desglosando el porqué, el origen y el significado de cada uno de
los atributos que forman una comitiva nazarena, un cortejo procesional.
Así, comentó que “ya en aquellas primeras cofradías del siglo XVI,
existía un orden procesional que fueron estableciendo las distintas
reglas, y que solía ser muy semejante de una cofradía a otra, y en ese
orden establecido del cortejo procesional aparecen ya las primeras
insignias (que han prevalecido hasta nuestros días con escosas
variantes). Los primitivos cortejos eran muy simples: lo encabezaba el
muñidor: un servidor con campana en mano que anunciaba la presencia de
la procesión. A continuación el estandarte corporativo, le seguía los
hermanos de luz con cirio en mano y los hermanos de sangre o
flagelantes con su penitencia pública. Y, por último, el sacerdote por
tanto o una cruz o un crucifijo”.
Como dato curioso, el Hermano Mayor de Loreto añadió que “a estas
primeras procesiones se le fueron añadiendo elementos como las
demandas, especies de platos con mangos para recoger limosnas, ciriales
para iluminar e incensarios para la ofrenda litúrgica”. La Cruz de
Guía, el Senatus, las banderas, el Libro de Reglas… Todas estas
insignias fueron exhaustivamente explicadas desde la tribuna de
oradores de la Escuela de Hostelería. Precisamente a tenor del Libro de
Reglas constataría una interesante reflexión en voz alta: “Pero el
valor del Libro de Reglas no queda solamente en lo anteriormente
descrito, sino que además representa toda una forma de vida y de actuar
de una corporación. Contiene las directrices de su propio
desenvolvimiento y tanto los derechos como los deberes de los hermanos
que, voluntariamente, forman parte de la misma. La presencia de las
Reglas en el cortejo es una reafirmación de nuestro compromiso
cristiano, una indicación del acatamiento de las leyes de la Iglesia de
Cristo y un signo de una disciplina de siglos”.
Al final del acto José María Prieto, presidente de El Muñidor, hizo
entrega de sendos recuerdos tanto a la Escuela de Hostelería como al
conferenciante. Un aperitivo gentileza de la Escuela de Hostelería y
bodegas Almocadén intensificó la animación de una convivencia que abrió
el debate en torno a la actualidad y el futuro de las hermandades y
cofradías de penitencia.
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