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Fueron alrededor de cuatro horas que supieron plenamente a Merce, la
Patrona jerezana que salió en procesión en el día de su festividad en
un día con temperaturas agradables y con algunas nubes que no fueron
presagio de lluvias como en los días de las vísperas. Una procesión que
fue la de siempre con unas formas asentadas en los años pero con la
especial impronta que ha venido adquiriendo, esa misma que pudieron y
supieron aplicar Felipe Ortuno y Jesús Fernández de la Puebla, que fue
el gran ausente ayer y al mismo tiempo el más recordado por dentro y
por fuera, en oraciones, recuerdos y en signos explícitos como el
crespón negro en el estandarte de la Virgen de la Cabeza.
Su
ausencia marcó en cierto modo el ánimo de los muchos que lo tuvieron
muy cerca en vida, del mismo modo que el recordado Diego Conde, otro
baluarte mercedario que también goza de la presencia de Ella allá
arriba. La salida procesional fue una demostración devota alrededor de
la Virgen con mucho público en las calles que fueron el complemento
imprescindible para llenar de ambiente el itinerario por donde
transcurrió un cortejo muy participado en el que no faltaron las
representaciones de las hermandades, como las más numerosas.
El
obispo, monseñor Juan del Río Martín, no pido asistir ya que, ante su
inminente toma de posesión como arzobispo castrense, se tuvo que
ausentar aunque sí presidió por la mañana la pontifical en la que se
renovó el Voto de la ciudad. Tras el paso figuraron diferentes
representaciones civiles con la corporación municipal con la alcaldesa,
Pilar Sánchez, al frente. Cerrando, siempre demasiado lejos, la banda
municipal dirigida por Francisco Orellana.
A lo largo del
recorrido fueron muchos los instantes en los que la procesión creció en
grandeza ya fuera por la confluencia de público o por las hermosas
estampas de calles estrechas amparando al paso de la Patrona. Así
volvió a suceder en Tornería, en San Marcos, por Francos y San Juan. El
ritmo fue también el más óptimo gracias al andar costalero que un año
más impuso Martín Gómez al frente de las dos cuadrillas que se ocuparon
de llevar un paso adornado y aromatizado por centenares de varas de
nardos que esparcieron su inigualable fragancia por muchos metros a su
alrededor.
Es el aroma de la Merced que se asienta sobre un
paso rodeado de tan hermosa flor para completar un conjunto de enorme
valor artístico e histórico. Arte e historia, devoción y fe, conceptos
que conviven perfectamente en la devoción secular a Nuestra Señora de
la Merced que en Jerez sigue marcando la pauta mariana del septiembre
vendimiador. Al Final, Antonio Rodríguez Liaño puso el epílogo con un
fervorín en el que se acordó de los que no están: "Este año has
recibido algunos regalos especiales que cuidarán de Ti en tu camarín
celestial. Será Manolo Prieto el que se encargue de encender tus
mejillas. Y Mariano Ramírez le pondrá un broche de luceros a tu
rostrillo. Y el Padre Jesús fijará el orden natural de tus labores
divinas, con su fórmula magistral… lo primero es antes". También tuvo a
los niños muy presentes: "benditos sean los niños y niñas que han
nacido entre procesión y procesión y los que habrán de nacer, porque si
hay un milagro indiscutible… ese milagro es la Maternidad, el fruto del
Amor que brota después de nueve lunas". También compartió sus recuerdos
infantiles alrededor de La Merced: "Mi madre, con la sabiduría de todas
las madres, me dijo al oído que tu cara era como el regaliz", y pidió
por la coronación del Valle, "Merced, sé que tu corazón salta de gozo
por la inminente Coronación de la Madre del Valle y que tu perfil se
conmoverá con los racimos pregoneros de Gallardo, Zarzana y de Mora en
Villamarta". Para terminar pidió silencio, habló de los costaleros y
dejó el aplauso final para la recogida de la Virgen que produjo al
final de un fervorín que se remató con la marcha Estrella Sublime. Los
cuerpos costaleros fueron 'a tierra' para salvar la estrechez de la
puerta, adentrando a la Merced hasta su basílica. Así sucedió ayer;
otro año que se suma a los muchos en los que la Virgen de tez morena
fue el emblema devocional de esta tierra, fervor que afortunadamente
crece como referencia de autenticidad. En pocos días, la Virgen volverá
a estar en su camarín a la espera de otro 24 de septiembre.
Fuente: Diario de Jerez
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