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La salida a las calles de ayer de Santa María de la
Merced constituyó el brillante colofón a los cultos que se han venido
celebrando en los últimos días en el interior de la basílica. La
novena, predicada por fray Ricardo de Córdoba, ha contado con una
participación de fieles muy importante. Esa presencia se ha
incrementado aún más si cabe en su tramo final, con la celebración de
la Misa de Descensión -a las 00.00 horas de ayer miércoles- y el
solemne pontifical presidido por monseñor Del Río Martín pocas horas
antes del inicio de la salida procesional.
En ambas citas -la primera con ofrenda floral del Consejo Local
de la Unión de Hermandades incluida- la basílica se quedó literalmente
pequeña para acoger a los centenares de personas que querían felicitar
su onomástica a la patrona.
Con todo, fue la cita de ayer tarde en la calle la que reunió a un
mayor número de jerezanos en torno a la imagen de Santa María de la
Merced, poniéndose nuevamente de manifiesto el cariño que los jerezanos
profesan por la que es su patrona desde el año 1272. La procesión
partió de la basílica a las seis y media de la tarde, tomando el amplio
cortejo por la calle Muro ante la imposibilidad de transitar por Merced
debido a las obras que se ejecutan en la iglesia parroquial de
Santiago.
Ya en el antiguo arenalejo la comitiva recuperó el itinerario de
costumbre, que llevaría a la Virgen por Ancha y Porvera en busca de
Larga y Alameda del Banco, para una vez allí tomar por Tornería, Rafael
Rivero y San Marcos con la intención de volver al lugar de partida por
la angostura de Francos.
Hermandades de penitencia y gloria, asociaciones parroquiales y
congregaciones religiosas y civiles de todo tipo integraron el cortejo,
cerrado tras el paso de la Santísima Virgen por la Corporación
municipal, encabezada por la alcaldesa, Pilar Sánchez, y la Banda
Municipal de Música. Tras el manto de la patrona, un amplio reguero de
jerezanos que, a título particular, expresan de este modo su veneración
a la Merced.
Dos nombres propios
No hizo falta que hubiera recuerdo especial para quien estos
últimos días ha estado en la mente de los miles de jerezanos que han
pasado por la basílica. Tanto los cultos de 2008 como la procesión
final han tenido como gran protagonista a fray Jesús Fernández de la
Puebla Viso, tristemente desaparecido la pasada primavera.
A este fraile mercedario se debe en buena medida que en los
últimos años tanto los cultos como la procesión hayan recuperado el
esplendor antes perdido; que el aroma del incienso y el nardo se
mezclen para anunciar la llegada de la patrona, que la cera ilumine su
rostro moreno, e incluso que las ruedas hayan dado paso al rachear
costalero. Pero, sobre todo, Jerez debe a fray Jesús la recuperación de
la basílica mercedaria como casa común del sentimiento mariano.
El suyo, sin estar físicamente presente, fue el auténtico nombre
propio de la jornada. También lo fue, aunque por motivo bien distinto,
el de Martín Gómez Moreno, capataz de Santa María de la Merced. La
pasada Semana Santa cumplió su primer cuarto de siglo como capataz.
Hace apenas unos días, su gente le tributaba un caluroso y merecido
homenaje precisamente ante las plantas de la patrona. Por eso la de
ayer fue una jornada especial tanto para él como para quienes integran
una familia de auxiliares y costaleros que tanto ha hecho en las
últimas décadas por el singular mundo de la trabajadera.
Una vez en el Arco de Santiago, la Virgen de la Merced volvió a
subir por Muro en busca de su basílica. Ya con la patrona enmarcada
ante la portada principal del templo, Antonio Rodríguez Liaño,
periodista y pregonero de la Semana Santa, pronunció un emotivo
fervorín previo a la recogida de la patrona.
Era el punto final a la celebración de unos cultos ciertamente
multitudinarios. La Virgen de la Merced quedó en la intimidad de su
basílica, a la espera de empezar a recibir en su camarín un cotidiano
chorreo de jerezanos que no conoce de fríos ni estíos.
Sánchez pide a la Virgen “inspiración” para sacar a Jerez de la crisis
La alcaldesa, Pilar Sánchez, cumplió en el curso del solemne
pontifical con el rito de renovar el voto de la ciudad a su patrona. En
su intervención, la primera autoridad municipal incidió de manera
singular en el momento actual de “crisis y zozobra”, pidiendo a Santa
María de la Merced “inspiración” tanto para los gobernantes como las
“grandes corporaciones empresariales y financieras”, de manera que unos
y otros adopten las “medidas necesarias” para superar esta coyuntura.
La alcaldesa rogó a la Virgen para que “todos los jerezanos y
jerezanas” encuentren cuanto antes un puesto de trabajo digno “que les
permita desarrollar sus proyectos de vida y recuperar la tranquilidad
material y espiritual”. De modo especial, Pilar Sánchez se acordó de
“los más débiles” de la sociedad, ya que ellos son “quienes más sufren
las épocas de escasez”.
La regidora imploró a la patrona “esperanza y optimismo” para el
conjunto de la ciudadanía, y especialmente para todos aquellos que
“desde sus respectivas responsabilidades, tienen el papel de guía y
dirección de los colectivos ciudadanos”. “Recuérdanos que tu ciudad de
Jerez ha sabido superar épocas peores en el pasado, y que sus nobles
ciudadanos y ciudadanas sabrán utilizar todas las oportunidades que se
nos presentan en el futuro cercano para avanzar juntos hacia el
progreso económico y laboral que, con tu ayuda y a pesar de las
dificultades presentes, no tardará en llegar”, añadió.
Terrorismo y violencia
Pilar Sánchez introdujo en su discurso una referencia al reciente
atentado terrorista que ha costado la vida al brigada Luis Conde de la
Cruz, rogando a la Virgen que quienes cometen este tipo de hechos, así
como quienes les amparan y justifican, “comprendan el terrible error de
sus acciones y paguen por sus abyectos crímenes”.
Por último, la regidora pidió la erradicación de cualquier tipo
de violencia, en especial aquella que tiene como víctimas a los “niños
y niñas inocentes”, así como a la que sufren “muchas mujeres en la
intimidad” de su hogar.
—Solemne pontifical—
Del Río defiende una “laicidad democrática” que respete el papel de la religiosidad
En su homilía, el administrador apostólico de Asidonia-Jerez,
monseñor Del Río Martín, se sumó al voto de la ciudad ante la patrona,
añadiendo un “sí a la vida, desde el primer instante hasta el final”,
ya que “la cultura de la muerte no engendra progreso, sino muerte”. El
arzobispo castrense electo defendió igualmente lo que denominó
“laicidad democrática”, que es aquella “que abre paso a la sociedad y
respeta la religiosidad”. A este respecto, Juan del Río recordó que la
esfera pública “no pertenece a nadie”, incidiendo en el hecho de que
“no es posible que haya ciudadanos de primera clase y de segunda en
función de sus creencias”. En cuanto al voto de la ciudad ante su
patrona, monseñor Del Río rechazó que pueda considerarse únicamente
como “un acto social”, advirtiendo de que debe además constituir una
oportunidad para “recordar nuestra historia”. “No se puede renegar
nunca del pasado, con sus grandezas y debilidades, porque quienes
reniegan no pueden construir un futuro humanizante”, subrayó. En su
homilía, el administrador apostólico de Asidonia-Jerez también censuró
el terrorismo y la violencia de género.
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